Nunca he sido hombre de grandes odios ni de grandes repulsas. Las cosas que no me agradan en realidad no las odio, simplemente me son indiferentes. Solo hay una cosa que no me es indiferente: la Navidad. La odio con todas mis ganas.
No soy persona de ver la televisión, pero es que en estas fechas no hay quien la vea. A la hora que los niños ven la tele montones de anuncios de juguetes. A la hora que la ven los adultos publicidad de perfumes. Pero peor que la publicidad es la programación. Sumados a los tradicionales programas del cotilleo tienes su versión navideña, amen de montones de películas de Navidad en las que un niño escéptico al final descubre que en Navidad ocurren milagros, que su madre no está muerta y que no solo no le abandonó sino que un malvado les separó cuando él era un bebe y a ella le habían dicho que el estaba muerto.
Campañas de publicidad masivas, películas moñas, canciones que hace dos decadas que no significan nada… y otras que nunca lo han significado. Y versiones de las mismas anunciando muñecas. Programas especiales de Navidad, turrones y mazapanes en las tiendas y polvorones de almendra. Mmmmh, de almendra. Slurp. slurp. ¡Lástima de no poder disfrutarlos todo el año!
¿Por qué lo único que me gusta de la Navidad no está disponible todo el año?
Luego están las mentiras piadosas que les cuentan a los niños. Que si Papá Noël, que si los Reyes Magos de Oriente, que ni son reyes ni hacen magia, la cena de nochebuena con su tradicional cordero, que si las cenas de empresa, que no son más que una excusa para pimplar, como si a algunos les hiciera falta una justificación para estar beodos.
Con la excusa de que es una vez al año la gente se permite verdaderas barbaridades, se gastan en cenar un día más de lo que habitualmente se gastan en vivir una semana y todos los que durante el año han sido insensibles, crueles y egocéntricos van de tiernos, de cariñosos y de buenos.
Nos acordamsos de que somos cristianos al cantar villancicos aunque ni hayamos rezado ni ido a la iglesia en todo el año.
Decimos Feliz Navidad a la ligera, cuando en realidad no deseamos que tengan una feliz Navidad. Es como el decir buenos días. Realmente salvo error u omisión no se le desea a la gente los buenos días. Solo es una fórmula de cortesía.
Creo que nunca me he sentido tan falso como diciendo Feliz Navidad.
Luego está lo de la Nochebuena. ¿Buena para quien? Porque lo que es para mi fue una noche de mierda. En lugar de salir a las 23:00 del rabajo salí a las 22:00. ¿Para que? Para quedarme durante tres cuartos de hora en una apeadero de Renfe a varios grados bajo cero, sin un guante, pues lo había perdido. Después de llegar a la estación de Chamartín no hay taxis, eso si, mucha gente esperándolos. Camino hasta la Plaza de Castilla. Una persona esperando al taxi en cada esquina. Me cago en la gente del metro. Cierran antes para irse a una cena falsa para aparentar ante miembros de la familia a los que ven una vez al año. ¿En que capital europea existe un día que a las 21:30 se acaba el metro solo por ser festivo sin que pongan un servicio alternativo?
Estoy cabreado. Camino por Paseo de la Castellana hacia abajo por la acera derecha. Llegaré a mi casa aunque sea a pata. A fin de cuentas es todo recto y cuesta abajo. Como cinco kilómetros o más. Llego a la plaza de Cuzco. Me ha parecido una caminata eterna. Un taxi libre. Levanto el brazo. Mierda, no me ha visto. Espero en la esquina. otro taxi. Esta es la mía. Me subo.
¿Sabes que hay suplemento de seis euros por ser Navidad?
Menuda cabronada. ¿Dónde está el espíritu navideño? ¿Qué a pasado con eso de sentar a un pobre a tu mesa? ¿Que mierda de música está sonando por la radio? Parece Mägo Oz pero en raro, con una voz que no concuerda nada con la música. ¿Será una maqueta del grupo de música en el que milita el taxista? Cambia de emisora. Pone la Kiss FM. Por fin. Algo mínimamente digno.
Diez minutos más tarde estoy ante el portal de mi casa. Eso de que haya pocos semáforos y no haya tráfico es una maravilla. Ese mismo trayecto por esa ruta se suele tardar un día normal a esa hora… mejor no pensarlo. Es una locura hacerlo por superficie.
Diecisite euros más pobre. Pido factura. Nunca se sabe. Se la voy a intentar meter al jefe. Además tengo ganas de renegociar mi contrato si puedo ahora en enero. Por mi como si me sigue pagando con Lacasitos, pero al menos que me pague transporte. No por nada, sino porque mi centro de trabajo está a 26 km de las oficinas de la empresa.
Pues eso, Para quien es buena la nochebuena. Desde luego para un servidor no aunque seguro que para el carnicero si, ya que de no vender un cordero en todo el año pasa a vender un montón y encima hinchados de precio.
Ahora estoy seguro. El sentimiento de odio que tengo hacia la Navidad es reciproco, con la diferencia de que yo no puedo hacer nada para fastidiar a la Navidad. Ya pensaré algo. Tengo un año entero.